Un mago con experiencia y ganas de mantener el orden.
Un ayudante entusiasta que no sigue ni una sola instrucción.
Y un público que no se queda de brazos cruzados.
El Señor de la Limpieza quiere ser mago... o eso dice.
El Mago intenta enseñarle, aunque no siempre con éxito.
Entre trucos que se adelantan, normas que se saltan y momentos que nadie tenía en el guion, la función se descontrola con la ayuda —o culpa— de todos.
Aquí cualquiera puede acabar siendo parte del show...
y lo que empieza como un caos, termina en magia.
O al menos, casi siempre.
Ah, y durante todo el espectáculo se guarda un secreto.
No se desvela hasta el final... aunque, quizás, todos ya lo sepan desde el principio.