Académica Palanca y Mamá Ladilla son sendos grupos musicales que
querían escapar del panorama musical existente encorsetado, convencionalista y
estreñido de los años 90, más o menos. A través del humor, de letras
sarcásticas, de temas que van de la simple diversión a la crítica directa o
velada, ofrecen sus conciertos donde cada vez se hacen más populares y demandados.
Pero como son músicos de arraigo
y entrañas, pase lo que suceda, nunca dejarán de elaborar canciones, hacer
actuaciones, crear nuevos proyectos. Y así se sostienen. Y si quieren saber más
vayan a Wikipedia, que ahí vienen.
Hasta que, de repente, Miguel Vigil (Académica Palanca) y Juan Abarca (Mamá Ladilla) se
encuentran, se dan un abrazo y unen voces, músicas y cervezas manteniendo cada
uno sus temas, pero acoplándose cual crisálida en la noche de luciérnagas. Ole. Resultante: Académica Ladilla, o Mamá Palanca o “vigila y abarca” con la vista
y el oído el panorama de enfrente.
Y juntos recorren escenarios,
trovadores de la hora golfa, haciendo “de reír” con sus escalofriantes palabras
de veneno sarpulliente, con sus juegos de melodías en la medianoche, con la
simpatía innata de quien canta para no morir de oficina y levantarse a las
siete.
Y encima son generosos e invitan
a otros artistas a presentarse musicalmente. En esta ocasión, sábado de san
Froilán, (lo sé porque he mirado el almanaque), en la sala Tarambana nos vienen con Los
Cuerdos de Atar y sus instrumentos de tuberías de desagües, fontaneros
alegres con cerditos trompeteros y zapatillas de arrear fuerte.
Total, tres por uno que dan seis.
Si es que es un placer reír a mandíbula batiente.