Intrigas palaciegas de ayer y
hoy, (como los Merrie Melodies), pero
sin fantasías dibujadas de pantallas viejas. Más cerca de la realidad y de
nuestra época de lo que sería deseable.
Amenazas, presiones, legitimidad
de un poder, (algo tendrá el agua cuando la bendicen, algo tendrá el poder
cuando se desea con ansias y zancadillas), política ponzoñosa, guerras,
victorias pírricas, rebeldía, órdenes dudosas, excomulgaciones, muertes,
venganzas, venenos…
Cierto es que quizás esté exagerado
si hablamos de nuestra época, pero no difiere mucho si lo llevamos al terreno
diplomático y de otras sombras más o menos chinescas.
La Smorfia Teatro nos lo trae con trajes contemporáneos, con
bolígrafos como dagas ejecutorias, con mesas de despacho y oficina, con la
prensa persecutoria, con la actualidad candente de nuestros días, donde todos
se odian e intentan sacar partido para mayor vanagloria.
Lo dirige con acierto y sentido
del ritmo, guiños musicales, humor velado, Gustavo
Galindo que también tiene personaje en la obra.
El resto del elenco se lo
trabajan de sobra. Desde el Rey Juan, Germán Torres, un rey Juan de oprobio y que suda la gota gorda,
pasando por Jesús Gago, Rosalía Castro,
María Escobar, José Emilio Vera que, además de sus personajes principales,
interpretan otros roles sin necesidad de cambiarse de etiquetas, en una
historia que hay que seguir con la atención de quien se lee una crónica de
pasarela, y que nos recuerda esa cercanía de pactos y de comentarios que
vilipendian, ese baile de máscaras en el que nadie quiere hacerlo con la más
fea.
No le quita dramatismo ni
tragedia esa lectura fresca de una gran obra del gran Willliam Shakespeare,
por poco representada, más atrayente y verdadera.
Un trabajo impecable de una
compañía de bandera, y no por las que sacan, que es la única escenografía que
ayuda a la comprensión de esta historia folletinesca. Eso, y una maleta. Con
eso basta, que ya los actores y actrices se encargan de hacerla auténtica.