Nunca había asistido a una presentación "de miedo". Había visto Terrífic en clave de humor, he presenciado tragedias, dramas, donde los fantasmas o espíritus son los protagonistas, muertes, duendes, vampiros, demonios, exorcismos,... aunque al servicio de un argumento más complicado o de personajes atormentados, pero esta representación es, en esencia, puro género de terror.
Carlos Molinero, el autor y codirector con Gabriel Olivares, sabe lo que está haciendo y ni el nombre de Verónica es gratuito. Verónica es una leyenda sobre un espíritu que aparece al ser invocado. Se muestra en un espejo, hace sonar un piano, el arma con la que pierde la vida son unas tijeras, y nunca ha desaparecido del todo porque está en la mente de sus mejores amigas. Verónica también es un pase del toreo, y parece que este espíritu quiere jugar con sus compañeras desconcertándolas. Simbólicamente, en el paño de Verónica queda marcado el rostro de su preceptor insidioso. Pero también es una flor que crece de manera silvestre y perenne. Verónica no se puede ir, está atrapada en su pasado, un pasado opresivo y que dejó marcas en ella y en sus correligionarias.
Quizás el final queda un poco confuso. ¿Han conseguido por fin librarse del espíritu protervo del sacerdote? ¿O se mantendrá acechando para cobrarse nuevas e inocentes vidas? No pretendo desvelar nada. El misterio es el misterio, y si quieren salir de dudas y pasar una hora y media de angustia en el Teatro Maravillas, si quieren sentir presencias sobrenaturales sin dejar de ser teatrales, vayan y pregunten a Verónica: ¿Estás ahí? Ella les contestará en el escenario.