Notas que algo pasa. Pero no
sabes si lo que está sucediendo está sucediendo o es ficción, imaginación o
solo palabras. Hay confusión entre estas y las acciones. No sabes si buscan el
silencio, la sorpresa, el caos o la desestructuración de los límites bien
establecidos.
Es el proceso de una puesta en escena. Es el mecanismo de experimentación y fijación. Hay que darle una vuelta de tuerca. Si el teatro lo engloba todo, si es un compendio de todas las artes, si es la verdadera mentira más creída, ¿por qué no hacerla realidad y que sea cierta?
El teatro no encierra nada. Al
contrario, abre las posibilidades a cualquier sugerencia, tan solo delimitada
por las cuestiones técnicas. Cuando Luigi
Pirandello escribe “Seis personajes
en busca de autor”, crea unos personajes que aún no existen. Que están a la
espera de ese autor que los haga realidad. En “Atraco, paliza y muerte en
Agbanäspach” de Nao Albert y
Marcel Borrás, que a la par se convierten también en actores y directores, lo
que espera es la comedia. El guion definitivo que sorprenda a los espectadores,
que confundan entre si es realidad o tramoya.
Notas que se va llenando la
escena. De palabras, de atrezzo, de decorados, de personajes, de imágenes, de
música, de bailes, de enredo, como en las antiguas comedias, y dudas si el
momento actual es lo que está pasando, si lo que va a pasar estaba ya escrito
de antemano, si se va desarrollando a medida que crece la representación.
El guion se respeta. Pero no es
el que se ha escrito previamente. Alguien le ha metido mano. Alguien ha querido
llevarlo hasta las últimas consecuencias. Y sobrepasa a los autores, pero no a
los intérpretes. O viceversa. Lo ves desde distintos puntos de vista. Te hace
gracia lo que es dramático y te hace pensar lo que solo parece comedia.
Habrá atraco, habrá paliza, habrá
muerte, y habrá también Agbanäspach, aunque no sepamos dónde queda. Nos
subiremos a ese escenario sin pisarlo. Como hacen ellos, los personajes, los
actores, que se meterán en un banco sin serlo, que verán la tele, que
dispararán balas y palabras, que cantarán ópera, se retarán para cautivarnos
con el teatro dentro del teatro, para leer el guion mientras lo oímos y
comprobar que lo interpretan tal cual, para saber que el mensaje puede estar
escondido en un nombre, en un idioma, en una palabra, en un concepto, en una
idea.
Todo el elenco, Irene Escolar, los propios Nao Albert y Marcel Borrás, junto con Carlos Blanco, Alina Furman, Eva Llorach, Francesca Piñón y Vito Sanz, son víctimas y beneficiarios, parias y místicos, ladrones y honrados, tiernos y déspotas, porque fingen que es verdad lo que podría ser verdad, que es real lo que no deja de ser teatral, que sienten, pero no penan, porque disfrutan de su trabajo y trabajar en lo que te complace no es trabajar, como dar un atraco a un banco y que no haya banco o hablar ruso y que todos lo comprendan.