Shakespeare debía amar el teatro. Aunque no dejaría de ver una espada de Damacles que pendía sobre su cabeza cuando pretendía agradar a todo tipo de público, por un lado ávido de espectáculo, por otro, dispuesto a criticarle si fallaba en sus textos. Quizá por eso tituló a esta su obra, que se representa en el Valle Inclán, "Como gustéis", porque
el teatro está abierto a que te guste o no, a que te llene o te deje indiferente, a que te emocione o te irrite, a que te divierta o te aburra. Quizá por eso se inventó este bosque onírico de pastores que no lo son, de personajes disfrazados, de amores y soledades, de usurpadores y envidiosos, de bufones o de semidioses.
Todo es un sueño. ¿Y quién es capaz de interpretar un sueño? ¿Por qué no el director, Marco Carniti, a intentar adornar ese sueño con músicas y coreografías, con cantos y vientos, con blancos y rojos, con ecos y silencios?