Teatro Y Musicales

Divinas palabras

20.12.2019 written by entradas.com

Divinas son las palabras del gran
don Ramón Mª del Valle-Inclán. Si la
obra era o no irrepresentable, no le preocupaba. Él quería, no solo jugar con
el lenguaje, sino crear en la libertad de su expresión y de sus ideas, disfrutando
del hecho de escribir, más que pensar en si esos argumentos y personajes podían
llevarse a escena.

Fue consecuente con su obra y su
vida, su aspecto y sus ideas. Y, hoy por hoy, junto con Lorca se le puede considerar el primer innovador del teatro
español.

Divinas palabras tiene mucho de misticismo, pero también de raigambre popular, de crónica de una España mísera y decadente, llena de prejuicios y situaciones esperpénticas.



En Divinas palabras se ve mal que la protagonista cometa adulterio porque
es una sociedad retrógrada y poco culta, pero quedan veladas las relaciones que
tiene el sacristán Pedro Gailo con su propia hija.

Pobreza, desarraigo, parias,
personajes decadentes que viven en un mundo de supervivencia, de codicia, de
egoísmo, de venganza, de lujuria, de superstición. Pedir limosna aprovechando
la peculiaridad de un joven con hidrocefalia no es ninguna deshonra. La
mendicidad es algo natural y necesario. Mostrar las vergüenzas de quien se ha
salido de la norma no es tanto por mojigatería religiosa, sino que es una
excusa para pasar un rato de divertimento y salir de la inmundicia y la rutina
aldeana. Tragicomedia de aldea, así
la subtitula Valle-Inclán. El ambiente viciado y opresor de tabernas, caminos
polvorientos, casas abiertas, lascivia y amoralidad frente a preceptos y normas
cristianas.

José Carlos Plaza, que ya había dirigido la obra en anteriores
ocasiones, la conoce bien y, en esta ocasión la despoja de adornos superfluos y
va al centro del personaje, al lenguaje en sí mismo, a las divinas palabras,
pero en este caso del gran autor, que parecen mágicas, poéticas, únicas. Si a
ello le acompañamos con los harapos de personajes, escenografía, luz oscura,
ambiente tenebroso, indigencia,… nos trasladamos a la Galicia profunda de
Valle, a una época de podredumbre y supervivencia, a lo misterioso y mítico.

El elenco está imbuido de este
ambiente tétrico y sucio, pero interpretan el texto con la sabiduría de su
bagaje personal y ponen voz y cuerpo a estos personajes imposibles. María Adánez, Ana Marzoa, Alberto Berzal,
Carlos Martínez-Abarca
… hacen que nosotros nos paralicemos ante las divinas
palabras no del latín “qui sine peccato
est vestrum, primus in illam lapidem mittat”
del final de la obra, sino las
de un autor nuestro que debiera estar en los escenarios más a menudo.

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