Teatro Y Musicales

EL GATO CON BOTAS de la Compañía Sin Fin

04.01.2021 written by entradas.com

Papá, cuéntame un cuento. Mamá, ¿cómo se llamaba el cuento de anoche? Tía, ¿me cuentas otro cuento? Abuelo, ¿me cuentas otra vez El gato con botas? Esto no parece tener fin. Tus historias son mi refugio, mi fantasía, mi encuentro con la niñez, la alegría.

En un cuento hay siempre una
mirada de amor. Una palabra de ternura, una luz en mi vida. El alma se
ensancha, el mundo gira, el tiempo se para, los protagonistas imaginarios
respiran.

Compañía Sin Fin cuida todo esto. Mima a los espectadores
infantiles y los mece en su regazo, con su voz de teatro y sus disfraces de
titiriteros, los acuna, los aconseja, los lleva a navegar por las historias de
toda la vida y las que podrían ser para que no sean siempre el padre, la madre,
el abuelo, la tía, el abuelo, los que cuenten cuentos, sino para que los niños
se rían, disfruten, aprendan a sentir que la vida, aunque no es sencilla,
también nos acaricia.

Los piratas, Los Ratonautas, Las aventuras de Mandarina y Serafina,… y ahora El gato con botas. Una historia sin fin, porque cada uno la cuenta como quiere, que para eso es popular y de todos.



Charles Perrault lo recopila en 1695 y, desde entonces, con sus
botas de gato importante hace las delicias de todo aquel que se acerca a su
trama. El molinero, la herencia, un gato, ¿un gato?, ¿qué hago yo con un gato? Pero
los gatos, con botas o sin ellas, hacen “compañía sin fin”, y se convierten en
imprescindibles, en la alegría del amo y no en la de la mascota, en la astucia
sigilosa, en la supervivencia de quien tiene siete vidas, en el ingenio para
dejar de dormir en la alfombra y hacerlo en el sofá o en la alcoba.

Con gran alarde, palabra en
desuso y que por eso me gusta, de imaginación y simpatía, Rosi Tejera y Manuel Maté “Pacheco”, junto con Germán Vigara, nos traen su versión, por otra parte bastante fiel
al argumento inicial, pero con referencias actuales, con gran sentido del
humor, con ritmo y eficacia, con canciones y sorpresas, con permanente alegría
y con sencillez no exenta de una gran profesionalidad.

Figurines y paneles funcionales y
sobrios, pero atrayentes, implicación del pequeño espectador, simpatía a
raudales, incluso en el ogro ventoso, cercanía y humor. Todo coordinado por Paca López y Alaitz Cabriada, hacen de
este cuento clásico que no sea el clásico cuento, ni se busque moralizar ni
dirigir, sino la creatividad y la soltura a la hora de desenvolverse en
situaciones que parecían abocadas a ser frustradas.

Por eso la función debe continuar, aunque sea la regidora la que tenga que actuar.




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