Teatro Y Musicales

Elisa y Marcela

17.01.2020 written by entradas.com

Si hoy en día aún es difícil
mostrar abiertamente que la tendencia sexual no es la comúnmente aceptada por
cuestiones religiosas, políticas y sociales, imagínense ustedes hace ciento
diez años.

Año 1901. En Galicia. Dos mujeres
quieren casarse y, para hacerlo, no les queda más remedio que una de ellas se
haga pasar por hombre. Pero, como al final todo se sabe, tendrán que huir,
cambiar de identidad, sufrir persecuciones y vejaciones, aguantar la distorsión
de la veracidad y, sobre todo, afianzar su amor por encima de cualquier
circunstancia.

Sin embargo, esta historia
truculenta y aún hoy demasiado familiar (por conocida) en ciertos lugares,
denostada por ciertos sectores, criticada por instituciones y personas que
rigen ciertos designios, nos la presentan la compañía A Panadaría con una gracia especial, con una puesta en escena y una
interpretación fuera de la común, con una creatividad desbordante.

Gena Baamonde dirige este truculento desaguisado con un ritmo
vertiginoso, con sorpresas inusitadas en el hacer interpretativo de las
actrices, con mucha dosis de expresión gestual y corporal, con flecos de
cabaret, con hilachas de pantomima, con magistral vehemencia en las voces, con
una continuidad quebrada en el texto, con visos de teatro infantil y de muñecos,
y con la ternura necesaria para que nos enamoremos también del argumento y
tomemos conciencia de tamaña tropelía.

Areta Bolado, Noelia Castro y Ailén Kendelman, casi sin
despeinarse, manejan a su antojo todas estas técnicas narrativas. La del
esfuerzo físico, tremendo, la de las voces y todos sus matices, la del canto
magníficamente entonado, la de la cosificación de algún personaje, la de las
sombras chinescas, la de la coordinación en el movimiento escénico, la del
ritmo y la percusión con el propio cuerpo, la de la vis cómica (como se decía
antiguamente) innata, fresca y diferente.

Hay chispas en el escenario, luz,
viento fresco, ríos caudalosos de alegría y texto matizado de envergadura. No
hace falta más que una tela blanca para imaginarnos la catedral, el tren, la
cárcel, las oficinas, la ciudad entera. Nos llevan de viaje por las calles
ficticias de la fatídica historia. Hay amor y hay humor en lo que hacen. Y no
se puede explicar porque es un auténtico oleaje.

En su nítida claridad un tanto
enrevesada, (¡viva!), nos despiertan los sentidos, los sentimientos y la risa
en una historia escabrosa de persecución que nunca más debiera darse.

¡Olé!

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