Siempre les digo a mis alumnos que el teatro sirve para explicar y conocer cualquier tema, concepto, materia. Que a través del teatro podemos aprender matemáticas, inglés, lengua, filosofía,… Solo es cuestión de saberle buscar la parte artística, la lúdica, la expresiva, la creativa. Y, al margen de esto, ¿cuándo los técnicos educativos se darán cuenta de esto y propondrán las artes escénicas como parte del currículo escolar? Me temo que nunca, porque no van al teatro.
Si fueran más a menudo, podrían encontrarse a un actor/cuentacuentos/narrador oral, o ¡vaya usted a saber!, que está dispuesto a contarnos sus lecturas de cómics. ¿Por qué no? Del mismo modo que contamos una película, un suceso escabroso o peculiar, un acontecimiento cotidiano o extraordinario, unas vacaciones o la aventura diaria de ir a comprar el pan, Juan Gamba, que es de quien hablo, se sube a un escenario y nos habla, nos interpreta, nos seduce, nos explica, nos relata, sus lecturas de algunos libros de cómics. Que, por cierto, también son una manifestación cultural y artística poderosa, entretenida, lúdica, y no solo adscrita a la edad de la infancia.

Ahí es nada. Libros, teatro,
expresividad, dibujos, ilustraciones, luces y sombras,… pero, ¡este actor está
deliciosamente enajenado por querer traernos en forma de espectáculo algo tan
visual como una historieta dibujada a través de la palabra!
Y lo consigue. Consigue que
visualicemos y nos imaginemos esas historias tal cual son y él las ha leído.
Nos va pasando sus páginas. Lo vamos leyendo mientras lo escuchamos.
Comienza con una preciosa
historia de la infancia, de gigantes, de bárbaros en un caballo que da vueltas,
de tíos vivos que resucitan después de muertos, de emoción a raudales con sabor
a nostalgia. Y luego, de súper héroes, de hombres de arena, de riesgo y miedos,
de peligro y deseo, porque cuando caes, también vuelas.
Y, Juan Gamba, sigue pasando páginas, sigue contándonos con natural
destreza libros de historias, no de historietas, de personajes cotidianos y, al
mismo tiempo, mágicos, únicos, irrepetibles. Las vicisitudes de Jan, la
humanidad del olmo, porque un árbol nunca, nunca molesta. El faro de luz en un
último aliento. Mientras pasamos páginas y páginas y el intérprete nos desgrana
cada viñeta, cada bocadillo, cada color, cada trazo, y se convierten en
palabra, en argumento vivo, en emoción sonora.
Gloria Fuertes nos indicó en una serie de poemas cómo se dibujaban ciertos animales, cómo se dibujaba un niño, cómo se dibujaba un paisaje, siendo poeta. Y Juan Gamba, siendo actor, nos cuenta cómo se cuenta un dibujo En la viñeta. Y nosotros, aprendemos, y nos deleitamos, porque el teatro sirve para unir arte, contenidos, curiosidad, sentimientos, y pasar una tarde más que buena.