Entre cinco actores interpretan, dan vida, al resto de los personajes que, de una manera o de otra, se encuentran con nuestro más universal personaje. Y además, cantan. Y además, hacen música y sonidos de efectos especiales. Oímos la escritura del ingenio. Y vemos, a través de unos simples rayos de luz que también toman protagonismo, gran parte del imaginario de las aventuras de este caballero que aún no ha parado de andar hasta nuestros días. Entre legajos, papeles, escritos, libros, letras, palabras y el lenguaje preciso, (acompañado de referencias actuales), de nuestra extraordinaria lengua la compañía Ron Lalá despliega una energía bien medida, emociona, encandila, divierte, entretiene, entusiasma. Y nosotros, como espectadores, también formamos parte de sus enrededos. Nos envuelven. Y para completar la acción, la noche de esta representación, 12 de julio en Almagro, en el espacio Miguel Narros, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico, había luna llena, y también reía con nosotros. Y recordaba a su amigo Miguel, que la lona lo conoció en persona, y sin ocultar su rostro azorado se enternecía, se emocionaba, porque posiblemente ella iluminara alguna noche a su pluma.