Teatro Y Musicales

LA BALADA DE CAPERUCITA

14.12.2020 written by entradas.com

Caperucita estaba buscando a los técnicos del teatro Tribueñe, tirada en el suelo, en el teatro oscuro lleno de trajes vacíos. Tengo heridas en el pecho que no sé qué me las ha producido. Quiero entrar en el cielo, aún tengo esperanzas, y voluntad y existo aunque se me aparezcan santos y ángeles que no sé si son de luz, pero lo iluminan todo y encienden mi interior.

Caperucita se ha perdido y parece
un Quijote buscando, no el camino de regreso, sino el de ida, aunque tenga que
bregar con demonios, santos, ángeles o san Pedro. Le piden cuentas, pero ella
no quiere olvidar el pasado. Puede parecer asustada, y baila sobre sus dedos de
puntillas, para recuperar la confianza.

Confieso que no conocía esta Balada
de Caperucita
de Federico García
Lorca
que escribe con 20 años, y deja inconclusa, quizás porque luchaba por
salvar otros escritos. Lorca comienza a vivir en estado convulso de creación y
no tiene tiempo para todo.

Irina Kouberskaya, que está atenta a la escondida literatura de
nuestros mejores poetas y dramaturgos nos lo rescata en el escenario en un
poema visual de viento y luces. Y en el montaje pone música, (no deja de ser
una “balada”), pone la magia del teatro, pone la inocencia de los cuentos
tradicionales que también pueden ser terriblemente crueles, pone la iconografía
religiosa y hagiográfica tan intrínseca de este nuestro país ibérico, y pone su
arte escénico al servicio de un espectáculo siempre lleno de poesía, de
elegancia, de ritmo pausado, de elipsis, de repeticiones, de melancolía y de
palabras entresacadas del silencio.

Caperucita no ceja en su empeño.
No se evade y lo intenta de nuevo. Quiere llegar a los cielos, atravesar el
bosque, conocerse mejor, alzar el vuelo.

Manuela Donaire lleva la luz y el vestido rojo, lleva el corazón en
la mano y, sin rezar, alcanza el cielo. Miguel
Pérez-Muñoz
es el ángel que huye de los demonios, san Francisco integrado
en su entorno, que hace lo que le dicen, que acepta el juego. Y Ana Moreno, el espíritu del bosque, que
son todos los duendes, que son todas las flores, que son todos los vestidos,
que son todas las auroras sin noches, que es la virgen que entrega el corazón
para esparcirlo en un laberinto de sentimientos.

Drama poético o poema simbólico, parábola, teatro plástico, de movimiento y de imágenes, sugestivo y creador, existencial y necesario.


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