“La Gran Estafa Americana”,
traducción poco afortunada del original título
“American Hustle”, se nutre del notorio caso estadounidense
Abscam. Se trata de un caso de corrupción política que tuvo lugar a finales de los 70 y principios de los 80 y que afectó a varios congresistas e incluso un senador de EEUU.
Sin embargo, no es un retrato fiel del hecho histórico en sí, sino que nos cuenta una divertida visión y avisa de ello al comienzo del metraje con la sobreimpresión “
Algo de esto sucedió realmente”. El mayor peso del film no recae sobre la mafia, la estafa, fraudes y engaños, sino sobre la vida de esos estafadores y corruptos que se ven envueltos en la trama. Envueltos también en cruzadas relaciones amorosas y dobles identidades, los protagonistas de la historia, que tienen en común el pertenecer a ambientes poco privilegiados, muestran su ingenio por sobrevivir y su capacidad de reinventarse. Todos se hacen pasar por lo que no son y las apariencias, por mucho que se preparen, no son más que eso, apariencias. Como dice
Bale en el filme:
“no te puedes engañar a ti mismo por mucho tiempo… así que tu próxima reinvención, más vale que salga bien”
Toda la estafa queda reducida a moralejas sobre la flexibilidad de los valores de la amistad y el amor, tan efímeros como el poder y el dinero que de un soplido, o manotazo, devuelven a cada uno a su realidad. Todos ellos buscan entre tanta mentira un atisbo de verdad, al ritmo del jazz de la época.
El elenco, que ha recibido cuatro nominaciones, nos da unos personajes llenos de defectos y extrenticidades que muestran sus miserias y mezquindades con gracia. Entre los protagonistas vemos
un Bale que demuestra su versatilidad pasando de superhéroe a patético estafador;
Cooper es un obsesivo agente del FBI que busca el triunfo a toda costa;
y las mujeres, Lawrence y Adams,
son el alma de la fiesta. Campan a sus anchas en una lucha de vertiginosos escotes, despampanantes. Una, especialista en hacerse pasar por quien no es; la otra, dicotómica e inestable, no puede evitar mostrarse.
Robert de Niro nos brinda un cameo que huele a parodia de sus propios personajes y Jeremy Renner mostrará la cara no tan mala del corrupto alcalde de Nueva Jersey envuelto en la trama.