Teatro Y Musicales

La hija del aire (y de las tormentas)

23.05.2019 written by entradas.com

Calderón potente, Calderón barroco y conceptista, mitológico y simbólico, Calderón político y crítico con el abuso de poder, Calderón absoluto de deidades y miserias humanas, Calderón de ambiciones, guerras, celos, amor sin medida, venganzas, truenos y fuego, tormentas y encierros, ejecuciones, teatral y poético, dominador del verso y del lenguaje, Calderón sublime y enérgico, imprescindible en nuestra escena.

Mario Gas lo rescata con acierto y respeto. Le pide a Benjamín Prado, sensible poeta, que lo
adapte a nuestro entendimiento, que no se aleje en florituras de hipérbaton,
pero sin abandonar el ritmo, con la rima bien sujeta, manteniendo los elementos
que caracterizan tan grande autor de las letras.

Y, así, surge un montaje largo,
lleno de intrigas, de cambiantes pareceres, de asombro y frialdad en los
personajes, excepto en la protagonista, el personaje de Semíramis, que es todo pasión, carácter violento, carisma, que no
deja indiferente a su corte y sus acciones siempre traerán consecuencias.

La hija del aire es un
texto con título poético y con fuerza en su interior, con tormentas escénicas.
Hay diversos ambientes, el tiempo pasa, la naturaleza está presente, la ruindad
y la pleitesía de los humanos también, hay soberbia, amor, sorpresa, engaños,
batallas externas y emociones escondidas.  

Con una escenografía imponente de
piedra, las luces y las imágenes hacen que el teatro se nos aproxime al
lenguaje cinematográfico, a una historia épica. Pero es teatro. Grande.
Partiendo de sus intérpretes, una inmensa Marta
Poveda
que se come el escenario, que sufre y hace sufrir, semidiosa humana
que nos traerá la tragedia. No lejos de ella, el resto del elenco, también un
atrayente José Luis Alcobendas, un perfecto
Nimias, espejo de la protagonista, Aleix Peña, o Ricardo Moya, Germán Torres,
Juan Díaz,… hieráticos, pero emocionales, pronunciando perfectamente ese verso
que no nos suena extraño al oído porque de manera natural lo interpretan.

Una vez más la Compañía Nacional de Teatro Clásico
cumple con creces su función de que el teatro clásico sea tan nuestro como
entonces y queramos seguir viéndolo ahora.

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