Desde siempre, cada vez que acudo a ver una obra de nuestro teatro clásico, leo en los programas, las justificaciones, los paralelismos e intentos de equiparar lo que se decía en aquel tiempo con lo que ocurre o lo que se piensa en estos momentos. Siempre se encuentra. Siempre hay un tema relacionado, algún personaje que se comporta o habla o piensa de una manera similar a la nuestra, o un hecho o acontecimiento que tenga su espejo en un suceso próximo. Y si no fuese así, pienso que tampoco tendría demasiada importancia. Solo poder rescatar los versos, la belleza del lenguaje, las costumbres de entonces, lo que sentían, lo que opinaban, lo que ocurría, sería más que suficiente.
En Las Dos Bandoleras, tenemos dos mujeres vilipendiadas que están dispuestas a exigir sus derechos y que se les tenga en cuenta, un padre autoritario y severo, pero cargado de amor, un gobernante que propone y dispone, dos hombres que se creen con derecho a jugar con las mujeres, un pobre trabajador que no quiere líos y lo pasa mal sin perder el humor pero le gustaría vivir mejor, una mujer valiente y decidida que reclama su valía en un mundo de hombres, un poeta que hace que no nos olvidemos de los sentimientos y de que, al fin y al cabo, somos humanos.
¿No son personajes de hoy en día? Pues eso!