Tres, eran tres las hijas de sus
madres, y las tres eran buenas.
Coria Castillo, Alicia Lobo y Maru Candel. ¿Y por qué? Porque al
contrario que en el romance medieval donde tres mujeres, una rubia, una castaña
y una morena, y que se hablaba de ellas como que eran barraganas, hetairas y
milongueras, y a las tres las encontraron en grandes toneles muertas, a estas
tres actrices, las tres morenas (o casi), las encontramos en el escenario del teatro Príncipe Gran Vía, todos los
martes, para reírnos sin cosquillas y sin ser nada pejigueras. Al menos,
cosquillas entendidas como la mano que nos martiriza en algún punto recóndito
de nuestro cuerpo serrano o villano o de algún punto de la geografía humana o
ibérica.
Nos advierten desde el principio
que allí se va a reír, y si no, que
no vengan. Y, además, que hay que reírse para fuera. Cada una con su estilo
peculiar, su lenguaraz verborrea de anécdotas y chismorreos, es cierto que nos
van arrancando carcajadas y cierto pudor de sin vergüenza.
Porque hablan sin tapujos, aunque
Maru Candel nos hable de conciencia
antigua y mujer nueva, de lo moderno y lo pasado, de intimidades a los cuatro
vientos, de evidencias que se quieren ocultar por si acaso la decencia. Pero
nos canta y nos acuna y nos lleva en volanderas.
Y Alicia Lobo, que interpreta una Ana Cardo con desparpajo y
queriendo romper trincheras, sin tapujos ni medias tintas, dispuesta a
enfrentarse a cualquiera para ofrecerse por entera. Mas luego nos sorprende con
una gracia extrema y en la barra haciendo equilibrios con sus propios brazos y
piernas.
Coria Castillo que, según ella, viene de Vallecas, aspecto este
fundamental para entenderla. Sin complejos nos habla de gordura y de panceta,
de una forma de vivir divertida y poniéndose el mundo por montera. Arranca
aplausos, arranca mitos, arranca y no frena.
Las tres, que las tres son muy
buenas, nos hacen pasar un rato de ausencia de melancolía y de resaca de
fiestas, dando el todo por cada una, cada una siendo ellas mismas, entre las
tres un poco moscas cojoneras (en el buen sentido, es que rima) para aflorar y
contarnos sobre temas de sociedad y
fantasía libidinosa o, simplemente, de risa de las que hacen época.
Tres eran tres, Coria, Alicia y
Candel.