Teatro Y Musicales

Naufragios de Álvar Núñez

21.02.2020 written by entradas.com

De aquellos polvos, vienen estos
lodos. Lodos por los que habrán de pasar los conquistadores conquistados, los
mal llamados descubridores, porque lo único que querían era descubrir oro y
plata, pertenencias, territorios, esclavos, placer, latrocinio de una cultura
diferente a la cristiana, a la de ellos, no teniendo en cuenta a los otros.

La historia se repite y se vuelve
contra uno mismo. No ha cambiado mucho. La diferencia es que antes éramos los
poderosos y volvimos escaldados. Los que volvieron. Muchos se quedaron en el
camino, en el mar, en el desierto, en terreno pedregoso.

José Sanchis Sinisterra indaga en su texto en dos obras del propio
Álvar Núñez Cabeza de Vaca: Naufragios y
Comentarios
. Ahí descubre el horror, la masacre, la sinrazón, el
sufrimiento, las penalidades y desventuras de quienes iban a ejercer de
poderosos y acabaron derrotados con el rabo entre las piernas.

Y con gran acierto, el autor lo
traslada a nuestra conciencia actual, personajes que se nos aparecen y hablan
como fantasmas en una esquizofrenia justificada por tamaños desmanes y nula
conciencia de actos vandálicos desproporcionados.

Magüi Mira dirige este gran montaje, donde los actores se impregnan
de miseria y desastre. Hay podredumbre y deformación, terreno pantanoso,
tormentas y catástrofe, tragedia y comedia, aunque no a partes iguales. Y
apreciamos brotes de Tadeusz Kantor, el movimiento de Macunaíma, el lenguaje de
Nieva, el naturalismo de Galdós en Misericordia.

El elenco realiza un enorme
trabajo. Físico y psíquico. Es un trabajo plástico y contundente. De vísceras y
de emoción, coral y potente. Jesús
Noguero
, en ese ten con ten de no saber si hace lo que debe. Es magnífica
la escena donde con su indígena Shila, Karina
Garantivá
, hablan de no entenderse, de lenguajes y hablas diferentes y, sin
embargo, llegan a saber cada uno qué es lo que quieren. David Lorente y Rulo Pardo, junto con Jorge Basanta, en una estupenda interpretación cargada de humor y
dramatismo, supervivientes natos, con ese carácter que imprime fuerza cuando
las cosas se ponen contracorriente. Un gobernador encima de un caballo, Pánfilo
de Narváez, Pepón Nieto, grande
siempre, aunque tenga que perecer porque en los Naufragios siempre
alguien desaparece. Y Mariana, Clara
Sanchis
, la mujer que espera, casi 500 años, aunque ella no teje y desteje
como Penélope, la que nos une con este mundo tan nuestro de hoy en el presente.
Los soldados, la esposa que, contracorriente, sigue a su marido para que no se
despendole aunque al final sea ella la que juegue. Y el monje, y el escribano
que toma nota, y el coro indígena de mujeres que, como en las tragedias
griegas, representan ese pueblo que siente y se defiende.

Naufragios de Álvar Núñez,
del Centro Dramático Nacional, que
en este montaje no solo se salvan, sino que se merecen un sobresaliente.

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