La frialdad de una habitación de
hotel muchas veces se contrarresta con la pasión que ponen los huéspedes que
esa noche se hospedan en ella.
¿Quién se ha amado en esa cama
antes? ¿Quién ha tenido una pasión desenfrenada en ese colchón? ¿Quién se ha
paseado desnudo por la estancia? ¿Quién se ha encontrado solo aunque estuviera
acompañado? ¿Quién se ha desnudado no solo de ropas sino también de sentimientos
anteriormente en ese mismo espacio? ¿Quién ha encontrado la melancolía en la
almohada?
¡Cuántos sueños se han olvidado
al despertarse! ¿Cuántas decepciones y cuántas alegrías, sorpresas, triunfos,
fracasos, llantos, risas, silencios, encuentros, despedidas?
Mariano Rochman, escribe un texto con un montón de estos matices en
su acertada obra Noches de Hotel. Con tan solo cuatro personajes. Siempre la
misma habitación, noches distintas. Personajes diferentes. Cada uno con su
motivación, con su forma de relacionarse con el otro, con lo que se calla y con
lo que se dice. Lo que pudo haber sido o lo que fue después. En este marco, el
tiempo queda diluido. No sabemos si los hechos acontecen, sucedieron o son
postrimeros. Cada personaje y, lo grandioso de la función, cada espectador, lo
leerá e interpretará a su manera, como pasa siempre. Sintiendo esa sensación de
que ya me lo esperaba, de que no doy crédito, de que estás equivocado, de que
lo presupongo, de que si te callas me mientes, de que si no eres totalmente
sincero, de que de ti eso no es lo lógico, apenas te conozco.
Están todos esos matices, todos
esos encuentros y desencuentros, esa voz misteriosa al otro lado del teléfono,
ese nuevo despertar en una cama ajena, en un lugar impersonal, con unos pasados
que no se pueden ni se deben juzgar porque tú no estabas, con un futuro siempre
incierto.
Todo el elenco de Doble Sentido Producciones, los actores
y actrices están sobresalientes, en fuerza dramática e interpretativa, en
naturalidad y expresividad, en desolación y desamparo, perdidos y encontrados,
inmensos, creíbles. José Bustos, Sauce
Ena, Xoel Fernández y Elena Rey siguen las directrices de Rochman con la
sensibilidad de los personajes que se encuentran en la soledad acompañada, con
las emociones dispuestas a que se les dé rienda suelta, porque en una
habitación de hotel todo parece verse ficticio, pasajero, efímero, aunque
después cada uno se lleve su drama al interior de sus sentimientos.