
Mas la vida es dura e injusta y siempre tenemos a alguien por encima de nosotros. Llamadle jefe, llamadle ogro, llamadle amo, llamadle dueño, llamadle dirigente, llamadle todopoderoso, llamadle como queráis. Sabéis a lo que me refiero. Siempre hay alguien que viene a perturbar nuestra cotidianeidad, nuestro bienestar. Alguien que nos corta las alas,
alguien que siempre nos exige y nunca nos da. Alguien tan frustrado y solo que busca una compañía que, en realidad, no desea. Y el problema está en que estos personajes ni siquiera pueden llegar a odiar. Sufren, se emocionan, sienten, quieren abandonar esa esclavitud que aceptaron como algo natural, pero tienen miedos, buscan comprensión, se entregan y ofrecen amistad sin condiciones.
Y lo bueno de todo es que esos "Pequeños dramas sobre arena azul" (acertado y poético título) nos llegan a través de la risa y la sonrisa, también del nudo en la garganta, a través de la fábula y la sensibilidad a punto de desbordarse por la ventana; una ventana por la que hay que salir para conocer mundo; un mundo cruel y despiadado, competitivo, fanfarrón, peligroso, atrayente. Por la puerta solo entran y salen problemas.
Por la ventana entran y salen ilusiones. Es verdad que
también cansancio y fracaso, errores y desengaños, pero eso hace que se quiera vivir con más intensidad, si nos dejan.