Teatro Y Musicales

RITA, tempus fugit

12.03.2021 written by entradas.com

A veces, el tiempo se hace corto, no hay tiempo. Suceden las cosas de manera distinta a como lo pretendíamos. Vuelan los años y, de repente, nuestra madre o padre está en estado irreversible de ya no poder vivir su vida. O nuestra mascota se ha hecho demasiado mayor y ya no nos hace la misma compañía.

Y, de pronto, un día ya no están.
O hay que decidir que ya no estén. Quedan siempre los recuerdos, eso sí, y la
fotos, y las situaciones irrepetibles en las que estábamos juntos. No se
cuestiona el pasado. No importa haberse equivocado. Pensábamos que el tiempo
era eterno. Pero es un tempus fugit. Lo
que dejábamos para otro día, ahora se nos hace imprescindible. Añoramos los
besos, los abrazos, las caricias, incluso los enfados y las angustias.

Pero ahora estamos aquí con una situación que nos sobrepasa. Con un tiempo real donde hay que decidir si mantenemos el cauce natural de la vida o le ponemos un cerco a ese tiempo que queda.




Rita, de Marta Buchaca, nos plantea todas estas cuestiones. No, cuestiones no. Decisiones. Humanidad y realismo. Dudas. Y son necesarias las palabras. Porque no podemos gritar a la desesperada, esto es ley de vida (y de muerte).

Dos grandes de la escena, Carlos Hipólito y Mapi Sagaseta, bajo
la dirección delicadísima de Lautaro
Perotti
, nos muestran un texto ágil y cotidiano. Palpitan las palabras en
su relación de hermanos que ven las cosas de distintas maneras, pero los dos
guardan el mismo bagaje de esperanza.

Se plantean diversos temas: no es
solo la eutanasia, no es solo el amor, no es solo la soledad individual, no es
solo el dolor y el sufrimiento, no es solo la enfermedad y el decaimiento al
final de la existencia, no son solo las relaciones entre iguales, no es solo la
responsabilidad de nuestras acciones.

Con un gran sentido del humor que
denota inteligencia y sensibilidad, los personajes, encarnados por estos
intérpretes, Carlos y Mapi,
acoplados a la perfección, nos muestran emociones directas, aliento y alegría,
desconsuelo e incertidumbre, lágrimas y sonrisas.

El tiempo no espera a nadie. Ya no habrá besos ni la sensación de que nuestro ser querido nos apretará la mano o saldrá a recibirnos con una alegría desbordante. Pero quedará nuestro desnudo sentimiento de haber hecho lo que consideramos mejor para ellos. Sin vergüenza ni ocultamientos. Con las alas desplegadas para volar con ellos, con los que se marchan, pero que no escapan, porque, como un cohete de artificio, subirá hasta el firmamento para desplegar todas las luces que dejaron impregnadas en nosotros nuestros seres queridos.


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