Teatro Y Musicales

Tres sombreros de copa

15.11.2019 written by entradas.com

Miguel Mihura tardó 20 años en estrenar Tres sombreros de copa.
Teatro calificado del absurdo que no lo es tanto. Lo cierto es que sí se
adelantó a su tiempo. Fue un joven Gustavo
Pérez Puig
el que se atrevió a ponerlo en escena en 1952, cuando la obra
estaba escrita en 1932. Desde entonces se han sucedido infatigablemente las
puestas en escena del ya clásico del humor, de la peculiaridad del autor, de la
sociedad rígida y encorsetada a la libertad de expresión, a la llamada de
atención sobre los convencionalismos imperantes y la vanguardia escénica que se
truncó con la llegada de la guerra civil y la posterior comedia de alcanfor del
régimen dictatorial.

Desde funciones escolares,
pasando por clásicos montajes de respetuoso seguimiento del texto, hasta la
última versión operística en el teatro de la Zarzuela, la obra se representa
constantemente, con más o menos fortuna, pero con la innegable calidad de que
es un texto y son unos personajes peculiares, diferentes, atractivos, humanos,
tiernos, inocentes.

Porque incluso el negro Buby que
pretende sacar tajada con sus chicas de pazguatos y acomodaticios ciudadanos
que caen en las redes de sus encantos para sonsacarles un dinero más o menos
fácil, es un personaje tierno y casi adorable. Los personajes “adyacentes” de
la fiesta improvisada en una habitación de hostal de mala muerte, tienen su
enjundia y su razón de ser. El astuto cazador, el odioso señor, el anciano
militar,… simbolizando la España de caciques y señoritos, ridiculizados y puestos
en evidencia. Don Rosario y don Sacramento, fíjense qué nombres, en el aura de
las tradiciones y las viejas costumbres. Pero son Dionisio y Paula quienes nos
producen esa ternura infinita de no atreverse a buscar su propia libertad, a
romper los moldes de lo establecido, a llevar adelante sus ilusiones.

En esta ocasión es la compañía La Tomasa Teatro, dirigidos por Emilio Verdejo los que nos presentan
una nueva visión de la obra. Hay guiños al progreso informático y robótico, entremezclando
el pasado con una tecnología de la que no podemos escapar tampoco, como antes
no se escapaba de lo socialmente correcto.

No es tan disparatada comedia
esta del teatro Victoria en la calle
del Pez. Más disparates se ven en la urnas, por ejemplo, y nadie se asombra por
ello. Más disparates se oyen en boca de personajes públicos y políticos y no
nos reímos, sino que nos avergüenzan. En esta comedia la risa está más que
justificada, el absurdo no es tan desatinado y los personajes estrafalarios no
son más que reflejos de espejos con azogue oxidado.

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