Para alguien tan neófito como yo en brújulas, estas son simples agujas que tiemblan en la esfera. Las estrellas son lucecitas a las que, de vez en cuando, se le piden deseos secretos. Los campamentos de verano son excusas para estar con los amigos. El concepto de Dios se nos escapa del entendimiento. Pues con toda esta amalgama de premisas,
los autores de La Llamada, Javier Ambrossi y Javier Calvo, consiguen montar un espectáculo músico-teatral, ágil, divertido, no exento de ternura, de adolescencia con ideales, de fe sin consistencia, de frágil amistad que se va consolidando, de recuerdos que no se han vivivido suficientemente,
de amores ocultos, de necesidad de vivir por encima de todo. Y aunque sigamos sin saber exactamente dónde está el norte, las estrellas se conviertan en luces de neón hacia la fama (o hacia la cama, en este caso literas) y no nos concedan ningún deseo, los amigos se pierdan por el camino y Dios siga sin dar señales de vida, acercarnos a todo ello de esta forma musical, teatral, poética en cierta forma, nos hace sentirnos mejores. Nos reconcilia con nosotros mismos y con lo espiritual. ¿Quién no ha vivido un campamento lleno de aventuras, represiones, escapadas, amenazas, amistades selladas con sangre y saliva que se han olvidado a la vuelta del siguiente curso?
¿Quién no ha hablado con Dios en la intimidad de su soledadsin saber qué es lo qué quería de nosotros y siempre deseando que fuésemos nosotros los elegidos? ¿Quién no se ha equivocado de medio a medio en el camino iniciado, aunque luego nos hayamos perdido de nuevo y tengamos que empezar de nuevo cada día?
¿Quién no ha confundido sus deseos con sus sentimientos? ¿ Quién no cree tener las riendas de la verdad y ha cabalgado un jumento que no era el suyo?