Teatro Y Musicales

Yerma, Guindalera

31.10.2019 written by entradas.com

Yerma de llanto infecundo, Yerma de amor desbordado, Yerma de lucha interior que no encuentra la vida en su organismo.

Yerma, deseo
frustrado, tu odio crece al tiempo que tu cuerpo perece.

Yerma, llama
sin rescoldo, sabor amargo de ceniza en tu boca, en tus ojos, en tus manos crispadas implorando un pajarillo.

Yerma de
vientre inerte, con tus lágrimas fecundas la tierra, pero no germina
el fruto que tú quieres, bendita seas entre todas las mujeres.

Yerma de
esperanza y ternura, el granizo cae intempestivo echando a
perder la cosecha.

Yerma de otoño
y hoja caída, tu fuerza de amar quedó enterrada en una cuna vacía.

Yerma de hijo
nonato, tendrás que
cortar el cordón
umbilical que te une con tu propia vida.



Considero a Federico García Lorca como uno de los mejores dramaturgos, no solo de España, sino de la literatura universal. Sus obras están cargadas de drama, de poesía, de música, de simbolismo, de movimiento, de coros, de aspectos plásticos y, al mismo tiempo, tremendamente personificadas con personajes únicos, irrepetibles y reales.

Poema trágico
lo subtituló el propio Federico. En la obra Juan, torpemente, pronuncia una
frase que hiere a Yerma: “no tenemos hijos que gasten”. Y se muestran los celos
de Juan: “ya sabes que no me gusta que salgas”. Lorca retrata unos personajes
auténticos, sencillos, de carne y hueso, aunque representen símbolos. Formas de
actuar y ver la vida. Costumbres sociales, el qué dirán, el cotilleo, la
resignación o la obsesión, la honra, la pasión agazapada, el futuro no
previsto.

Juan Pastor hace su
personal lectura del texto. Y tiene razón cuando dice que ahí radica lo
importante, en el texto. Nadie puede sustraerse a la belleza del mismo. Podemos
debatir si sus temas son actuales o no, si son vigentes, si hay tópicos, si las
cosas han cambiado o no. Cada montaje tendrá su peculiar forma de verlo, pero
el texto es el que hay, y es insuperable.

Pero es que,
además, en este montaje de la Compañía
Guindalera
, se le trata (a Lorca y al texto) con un respeto absoluto, con
una aproximación certera al ambiente rural, con una interpretación más que
sobresaliente.

María Pastor encarna una
Yerma sana y bella, obsesiva, firme, impulsiva, que quiere practicar su
libertad aunque se lo impidan: “quiero beber y no tengo vaso ni agua”.  Los demás personajes están también
impecables, a tono, implicados, creíbles, completos, corifeos.

Puesta en
escena excepcional, sin alardes escenográficos ni ambientales. Estupenda la
música y las canciones cantadas por todo el elenco.

Tan solo
difiero del final, aunque Juan Pastor lo representa sin ambages. Creo que no
hay abuso en Juan, el marido; ni venganza ni defensa propia. Creo que Juan sabe
que debe quemar su último cartucho (aunque esté borracho) y no quiere perder a
Yerma, por eso se acerca a ella con la intención de besarla y más. Creo que
Yerma intuye que no tendrá más oportunidades, y en pleno éxtasis del amor, en
pleno fragor de la batalla y el ardor sexual, Yerma llega al summun apretando el cuello de su marido
y negando de esta forma que haya ninguna salida. “Yo misma he matado a mi
hijo”.

No dejen de
verla, porque cada Yerma, siempre será distinta.

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