Vivimos en una sociedad que presupone muchos aspectos de nuestra forma de ser incluso antes de que nazcamos.
Aunque parece que poco a poco vamos superando la dicotomía del azul y el rosa, del fútbol para ellos y las cocinitas para ellas, lo cierto es que todavía hay muchas creencias que nos limitan y nos alejan de vivir como realmente somos y sentimos.
La historia de Alan Montcliu nos golpeó desde el principio, y creímos que merecía ser compartida.
Nunca podemos vivir en nuestra piel el sufrimiento y la angustia que él sintió, pero sí podemos explicar su historia para que sirva para crear conciencia de la realidad que viven todavía hoy muchas personas trans.
ALAN es un espectáculo que nos ha permitido aprender y crecer como un equipo creativo y directivo, pero sobre todo como personas.
Gracias al talento y esfuerzo del equipo artístico y técnico, lo que un día imaginamos hoy es una realidad.
Ojalá ésta nos acerque un paso más hacia una sociedad más inclusiva y justa.
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