Roma, inicios de la República. En un contexto de gran conflictividad social, la clase dirigente (los patricios) y el pueblo (la plebe) se enfrentan: El pueblo tiene hambre, pide trigo. En ese momento se declara la guerra contra los Volsgos. Emerge la figura de Cayo Marcio, noble guerrero admirado por su extremo valor y coraje. Su gran victoria le ganará el apelativo de Coriolano.
Después de la victoria los nobles quieren nombrar Cónsul a Coriolano, los tribunos de la plebe se niegan. Comienza el juego de la política, las mentiras, las imposturas, las estrategias. Coriolano un hombre extremista decide no traicionarse a sí mismo, ni a sus principios. Su reacción virulenta contra los derechos del pueblo le valdrá la condena por traidor y el exilio.
Coriolano se une a Aufidio, líder de los Volsgos, para acabar con Roma. Asediada Roma y cerca del desastre, la madre de Coriolano, en una escena memorable, hace desistir a su amado hijo, porque como dice Iban Martin en sus podcasts y libros sobre Roma: “ El amor a una madre es a veces más fuerte que el odio que se pueda sentir contra toda una ciudad”. Aufidio ejecuta a Coriolano y en Roma se alza un templo a la fortuna y sabiduría femenina por haber salvado la ciudad.
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