He querido hacer “Edipo Rey” toda mi vida. Soy un apasionado devoto del psicoanálisis y de la literatura de misterio. Siempre me ha fascinado esta trama extraordinaria, en la que el que investiga al asesino resulta ser el mismo asesino. Desde hace un tiempo, vengo abogando por una reducción del papel del director—quien, en mi humilde opinión, debería dejar de ser un autor para volver a ser un intérprete.
Pero si bien es justo regresar al texto, también es cierto que no existe una verdadera tradición interpretativa auténtica de la tragedia griega. Por lo que sabemos, los textos que nos han llegado son vagamente comparables a libretos de ópera sin música. Al dirigir un texto del drama antiguo, se parte desde cero. La vastedad de esta obra maestra de la humanidad implica necesariamente algunas traiciones. Al salir de una pandemia, uno puede pasar del tema social de la peste al tema girardiano del chivo expiatorio.
He optado por el camino de la metáfora del conocimiento. La obstinada voluntad de Edipo de conocer la verdad lo hace parecer una especie de Ulises que no puede evitar viajar para seguir conociendo. Sin embargo, el viaje de Edipo es un viaje implosivo. Se investiga a sí mismo explorando dentro de sí.
Será, por lo tanto, el propio actor, Luca Lazzareschi, quien interpretará no solo la figura del protagonista, sino también a aquellos que conocen la verdad, o al menos una parte de ella. Luca también será Tiresias y el mensajero, dialogando con las imágenes distorsionadas de sí mismo reproducidas en vídeo, creadas por Alessandro Papa, quien colabora conmigo desde hace años.
La iconografía principal elegida para esta puesta en escena es el surrealismo: una elección obligada para un viaje interior de orientación psicoanalítica. Para la música, decidí seguir otra pasión vinculada a este texto, la de las novelas policiacas, y particularmente la cinematografía de suspenso del siglo pasado. Aprovechando el origen occidental y oriental de mi habitual músico, el israelí Ran Bagno, no puedo olvidar que Edipo es también el punto más incandescente de uno de los conflictos eternos de la humanidad: el de la lucha entre dos culturas.
Jamás habría podido imaginar hacer realidad este sueño de toda la vida sin el gran talento actoral de Luca Lazzareschi y Manuela Mandracchia, quien interpretará a Yocasta; sin la visión artística de Marta Crisolini Malatesta, ni sin el talento cinematográfico de Gigi Saccomandi en el diseño de la iluminación. Tampoco sin la colaboración de actores que ya se han convertido en compañeros de viaje, comenzando por Paolo Serra, con quien me une una colaboración de casi 30 años, y continuando con Francesco Biscione, Paolo Cresta y Alessandro Balletta.
Luca de Fusco