La inagotable investigación con el arte escénico y la neurociencia, jugando con el darnos cuenta, “...es Impresionante, los recursos neuronales que dan lugar a la idea de nosotros mismos son aquellos que también permiten la sonrisa” (El espejo del cerebro, Nazareth Castellanos)
La tragicomedia, como en la vida, lo sagrado y lo profano, transgrede con el humor y trasciende el dolor, sin quitarle la profundidad merecida. La ceremonia escénica que genera la sinapsis del teatro y el público
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