En La zapatera Federico retrata el prodigio de que en 1930, una mujer decide por sí misma y que no se deja gobernar por las habladurías. Con un carácter exquisito y positivo, aunque “pueda parecer violenta o tome actitudes agrias porque ella lucha con la realidad que la cerca”. Una sociedad que ultraja la feminidad ahoga su fuerza y energía, pero “lucha” contra lo establecido.
Los tradicionalismos que se arraigan en la ignorancia y conforman la costra social mojigata de una sociedad conservadora e ignorante. Federico la llama “farsa violenta”, porque se refiere a la fuerza e ímpetu con el que su zapatera, en ojos del poeta, imaginaba que debería encarnarse esta criatura y prodigio de mujer.
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