Una madre ausente, tres mujeres frente a sus propios fantasmas y una tierra griega convertida en territorio de memoria, duelo y transformación. El Premio Nacional de Literatura Dramática Alberto Conejero propone una pieza de carácter elegíaco que habla de aquello que perdemos, pero también de nuestra capacidad para volver a empezar. Su escritura entrelaza emoción, imaginación y referencias a las Humanidades para construir una tragicomedia profundamente humana, donde el recuerdo de quienes nos enseñaron a mirar el mundo se convierte en una forma de supervivencia. Con Miryam Gallego entre sus intérpretes, el espectáculo invita a vivir una experiencia teatral intensa, poética y catártica, de esas que continúan resonando después de que se apaguen las luces.
Alberto Conejero, una dramaturgia de memoria y emoción
Alberto Conejero es una de las voces destacadas de la dramaturgia española contemporánea. Su escritura se caracteriza por una especial atención a la memoria, la identidad, la pérdida y las relaciones humanas, combinando profundidad literaria y una marcada sensibilidad escénica. En esta propuesta vuelve a demostrar su capacidad para convertir conflictos íntimos en historias de alcance universal, utilizando el teatro como espacio de reflexión y también como lugar para recuperar aquello que parecía perdido.
El punto de partida es la ausencia de una madre, pero el texto amplía rápidamente su mirada. La pérdida se transforma en una oportunidad para preguntarse quiénes somos, qué heredamos de quienes nos precedieron y hasta qué punto podemos reinventarnos. Conejero plantea así un viaje elegíaco que no se queda en el dolor, sino que explora la posibilidad de renacer una y otra vez. La imaginación, la palabra y el recuerdo aparecen como herramientas para reconstruir la vida.
Una historia sobre el derecho a volver a empezar
La idea del renacimiento atraviesa toda la propuesta. Frente a la concepción de la vida como un recorrido lineal, la obra reivindica la posibilidad de comenzar de nuevo, de cambiar de piel y de concederse nuevas oportunidades. Es una mirada especialmente sugerente porque convierte una historia marcada por la ausencia en un relato sobre la libertad y la transformación.
Las protagonistas afrontan un proceso que las obliga a revisar sus recuerdos y sus vínculos. La tragedia convive con el humor y la ligereza, dando forma a una tragicomedia en la que las emociones pueden cambiar de registro de manera inesperada. La risa no elimina el dolor, sino que permite observarlo desde otra perspectiva. Esa combinación proporciona a la función un ritmo emocional muy particular y facilita que el público pase de la sonrisa a la conmoción en cuestión de instantes.
Grecia como territorio de mito e imaginación
La ambientación en tierras griegas aporta una dimensión simbólica a la historia. Grecia aparece como un territorio asociado al origen de muchas de las ideas que han ayudado a construir nuestra manera de entender el mundo: el mito, la filosofía, la literatura y el pensamiento. En este contexto, el viaje de las protagonistas adquiere resonancias que van más allá de su experiencia personal.
El escenario griego se convierte así en un espacio de tránsito entre pasado y presente, realidad e imaginación. Las referencias culturales no funcionan como un simple decorado, sino como parte de un canto de amor a las Humanidades y a quienes nos enseñaron a imaginar. La obra reivindica el valor de la cultura como una forma de conocimiento y, al mismo tiempo, como refugio emocional. Leer, recordar, crear y contar historias aparecen como maneras de comprendernos y de continuar adelante.
Miryam Gallego, una presencia escénica reconocible
Entre el reparto destaca Miryam Gallego, actriz de amplia trayectoria y rostro muy conocido por el público gracias, entre otros trabajos, a su interpretación de la marquesa en una popular serie de televisión. Aquella experiencia televisiva demostró su capacidad para desenvolverse en personajes de gran personalidad, mientras que el escenario ofrece un territorio diferente en el que la interpretación adquiere una dimensión especialmente cercana y directa.
En esta producción, Gallego comparte escena con dos compañeras de reparto para dar vida a un universo femenino atravesado por la memoria, la pérdida y el deseo de transformación. El trabajo conjunto de las tres intérpretes resulta esencial para sostener la intensidad emocional de la pieza. Sus personajes afrontan situaciones que pueden resultar dolorosas, absurdas o inesperadas, generando una relación con el público basada tanto en la empatía como en la sorpresa.
Una experiencia teatral de gran carga emocional
El espectador que se acerca a esta propuesta encontrará un espectáculo que busca provocar algo más que una reacción inmediata. La atmósfera combina poesía, humor, melancolía e imaginación, creando un espacio en el que las emociones pueden desplegarse sin necesidad de respuestas sencillas. La historia invita a dejarse llevar por el viaje de sus protagonistas y a reconocer en sus conflictos algunas de las preguntas que todos podemos hacernos sobre la pérdida, la familia, el paso del tiempo y la posibilidad de empezar de nuevo.
La catarsis forma parte de la experiencia. A medida que avanza la función, el público puede sentirse próximo a unas protagonistas que luchan con sus ausencias y con todo aquello que todavía necesitan comprender. El resultado es una propuesta íntima y a la vez expansiva, capaz de conectar una historia personal con cuestiones universales.
Un canto de amor a quienes nos enseñaron a imaginar
En última instancia, esta obra de Alberto Conejero reivindica el poder de las historias y de las personas que nos enseñaron a mirar más allá de lo inmediato. La madre ausente representa una pérdida concreta, pero también abre la puerta a hablar de todas aquellas figuras que dejan una huella profunda y continúan acompañándonos incluso cuando ya no están.
Entre la elegía y la celebración, entre el humor y la emoción, el espectáculo propone un viaje que entiende el teatro como un lugar para recordar, imaginar y renacer. Una oportunidad para descubrir una dramaturgia de gran sensibilidad, disfrutar del trabajo de Miryam Gallego y sus compañeras y dejarse llevar por una tragicomedia ambientada en tierras griegas que convierte la ausencia en memoria y la memoria en una nueva posibilidad de vida.