Tradición y aventura: un viaje musical por el noroeste peninsular
En lo más profundo de la tierra nacen melodías que han atravesado generaciones, conservando la memoria de quienes las cantaron y tocaron mucho antes de que llegaran a los escenarios. De ese universo sonoro surge esta propuesta musical, una aventura que explora las raíces tradicionales del noroeste peninsular para descubrir nuevas formas de expresión en el encuentro entre el folk y el jazz.
Las canciones que han acompañado durante años al proyecto emprenden aquí un nuevo viaje. El acordeón de Roberto Grandal y la zanfona de Iván Costa aportan el pulso, la textura y la identidad de una música profundamente vinculada a la tradición, mientras que la incorporación de Virxilio da Silva abre nuevas posibilidades sonoras y creativas. Su guitarra amplía el horizonte de estas melodías y establece un diálogo entre la improvisación contemporánea y el legado musical transmitido de generación en generación.
El resultado es una experiencia que mira al pasado sin quedarse anclada en él. Las músicas tradicionales se convierten en materia viva, abierta a la exploración, al riesgo y a la transformación. Cada interpretación invita a escuchar de otra manera melodías que parecen eternas, descubriendo en ellas caminos inesperados y conexiones entre mundos musicales que, a primera vista, podrían parecer distantes.
Roberto Grandal e Iván Costa: el sonido de las raíces
El acordeón y la zanfona ocupan un lugar esencial en esta aventura musical. Ambos instrumentos mantienen una relación histórica con las músicas populares del noroeste peninsular y aportan una personalidad sonora que conecta con la memoria colectiva, las celebraciones tradicionales y las canciones que han acompañado la vida cotidiana de numerosas generaciones.
En manos de Roberto Grandal, el acordeón despliega la expresividad de su fuelle, capaz de respirar con la melodía y dar forma a frases musicales llenas de movimiento. Su sonido puede evocar tanto la vitalidad de una danza como la intimidad de una canción transmitida en familia. La zanfona de Iván Costa, por su parte, aporta una dimensión hipnótica gracias al giro continuo de su rueda, que sostiene el sonido y genera una textura envolvente, con una personalidad tímbrica inconfundible.
El encuentro entre ambos instrumentos crea una base rica en matices, donde las melodías tradicionales pueden conservar su esencia mientras exploran nuevas direcciones. La música surge del equilibrio entre continuidad y movimiento: las frases reconocibles permanecen, pero adquieren otros colores gracias a la interacción entre los intérpretes y a las posibilidades expresivas de sus instrumentos.
Esta combinación invita a acercarse al patrimonio musical desde una perspectiva abierta y actual. No se trata únicamente de recuperar canciones antiguas, sino de permitir que sigan evolucionando, manteniendo vivo su espíritu y demostrando que la tradición puede ser también un espacio de descubrimiento.
Virxilio da Silva: el encuentro entre el jazz y el folk
La incorporación de Virxilio da Silva amplía el universo del proyecto y abre un territorio de diálogo entre la música de raíz y la improvisación. Su guitarra introduce nuevas posibilidades rítmicas, armónicas y expresivas, favoreciendo una relación creativa entre las melodías tradicionales y el lenguaje del jazz.
La improvisación permite que cada interpretación se convierta en un espacio de exploración. Una melodía conocida puede transformarse mediante variaciones, silencios, cambios de intensidad o nuevas armonías, sin perder el vínculo con su origen. En este contexto, la guitarra no funciona como un elemento ajeno a la tradición, sino como una voz que conversa con el acordeón y la zanfona, escucha sus propuestas y responde a ellas con libertad.
El interés de este encuentro reside precisamente en la ausencia de fronteras rígidas. El folk aporta la memoria de unas músicas arraigadas en la experiencia colectiva; el jazz introduce la curiosidad, el riesgo y la posibilidad de que cada momento conduzca hacia un lugar inesperado. Ambos lenguajes comparten una dimensión fundamental: la capacidad de transformarse a través de la interpretación y de la relación entre los músicos.
Así, el proyecto propone una conversación entre generaciones, estilos y formas de entender la música. La tradición deja de ser una pieza inmóvil del pasado para convertirse en un punto de partida desde el que imaginar nuevos paisajes sonoros.
Las canciones de nuestras abuelas: memoria musical en movimiento
En el centro de esta propuesta se encuentra el deseo de mantener vivas aquellas melodías que han acompañado la historia de las comunidades del noroeste peninsular. Son canciones vinculadas a una forma de transmitir la cultura en la que la escucha, la repetición y la convivencia desempeñaban un papel fundamental. Muchas han pasado de unas generaciones a otras sin perder su capacidad para emocionar, precisamente porque forman parte de una memoria compartida.
La música tradicional conserva historias, sentimientos y maneras de comprender el mundo. En sus melodías conviven la celebración, la nostalgia, el trabajo, el baile y la expresión de emociones que siguen siendo reconocibles con el paso del tiempo. Aunque cambien los contextos y las formas de interpretarlas, estas canciones mantienen una fuerza que permite conectar con quienes las escuchan desde experiencias muy diferentes.
La propuesta recupera ese legado desde el respeto, pero también desde la curiosidad. Cada tema se convierte en una oportunidad para investigar sus posibilidades y descubrir qué sucede cuando una melodía heredada se encuentra con instrumentos, armonías y formas de improvisación contemporáneas. El resultado busca conservar la esencia de las canciones mientras las conduce hacia territorios nuevos.
Esta mirada convierte el concierto en algo más que una revisión del repertorio tradicional. Es una celebración de la transmisión cultural y una invitación a reconocer que las músicas de raíz continúan creciendo cuando los artistas se atreven a dialogar con ellas desde su propia identidad.
Una aventura sonora sin fronteras
La idea de aventura atraviesa todo el proyecto. Explorar estas músicas implica aceptar que no existe un único destino y que cada interpretación puede revelar un paisaje diferente. La referencia a figuras exploradoras como Armstrong, Hillary o Amundsen expresa ese impulso de avanzar hacia lo desconocido, superar límites y descubrir nuevas perspectivas sin renunciar a la fascinación por el camino.
En el terreno musical, esa actitud se traduce en la búsqueda de nuevas formas de expresión. Los instrumentos tradicionales aportan su personalidad y su memoria, mientras que la improvisación permite abrir espacios inesperados. Las melodías pueden expandirse, cambiar de ritmo, adquirir nuevas texturas o encontrar combinaciones sonoras que transformen la escucha sin borrar sus raíces.
La aventura no consiste en abandonar la tradición, sino en explorar todo lo que todavía puede ofrecer. Cada músico contribuye con su lenguaje y su sensibilidad a una experiencia compartida en la que el resultado nace de la escucha mutua. El concierto se convierte así en un viaje abierto, donde la curiosidad es tan importante como el conocimiento y donde la música encuentra su fuerza en la libertad de experimentar.
Una experiencia en directo entre emoción, raíz e improvisación
El público encontrará una propuesta que combina la calidez de los instrumentos tradicionales con la libertad expresiva del jazz. El sonido del acordeón, el carácter continuo de la zanfona y las posibilidades de la guitarra construyen una atmósfera envolvente, en la que las melodías pueden resultar familiares y sorprendentes al mismo tiempo.
La experiencia invita a escuchar con atención los detalles: el diálogo entre los instrumentos, los cambios de intensidad, las variaciones melódicas y los momentos en que una canción parece abrirse hacia un territorio desconocido. La música puede evocar paisajes, recuerdos y celebraciones, pero también despertar la curiosidad por formas de expresión que trascienden las etiquetas de género.
Este proyecto se dirige tanto a quienes sienten una conexión especial con el folk y las músicas tradicionales como a quienes disfrutan de la improvisación y la exploración sonora. Su riqueza reside en unir ambos mundos sin forzar las diferencias, permitiendo que cada lenguaje conserve su personalidad mientras participa en una conversación común.
Una aventura musical que parte de las raíces del noroeste peninsular para mirar hacia nuevos horizontes. Con Roberto Grandal, Iván Costa y Virxilio da Silva, las canciones heredadas encuentran nuevas formas de respirar y recuerdan que la tradición no es únicamente aquello que recibimos, sino también todo lo que somos capaces de crear a partir de ella.