Se ganan al público desde el
primer momento. (Claro, regalar ‘bolis’ es un buen comienzo). Le piden,
después, desmadrarse un poco (no vayan a pasarse), ser algo irreverentes, sacar
su energía reprimida y educada, permiten fotos y vídeos, y que la gente pueda
explayarse haciendo a su vez, también bromas y comentarios escritos y en voz
alta.
Con las mismas, en un inicio o
primera toma de contacto entrelazando las primeras propuestas, como para
situarnos, con esas cuatro palabras o frases o chascarrillos, o lo que
buenamente se les haya ocurrido a los enfebrecidos espectadores, ya nos van
metiendo en su bolsillo. Uno de los epígrafes, por ejemplo, fue “He llamado
hacia nunca”, que resultó poético y creativo y ellos llamaron hacia siempre,
hacia a veces, hacia el público ávido de risas y entregado.
Y con lo que ellos llaman estilo “librering”, los de Jamming Show van
representando con desparpajo, con poder creativo, su capacidad imaginativa, su
oficio improvisador.
De ahí, ya es un vértigo de
tarjetas y frases, inconexas muchas de ellas, como queriendo pillarles en un
renuncio, y desde el estilo “Shakespearing”
o “Clasing”, pasando por los dibujos animados de “Pixaring”, nos lo ofrecen como si fuera un truco de magia,
prestidigitadores del lenguaje, locuaces del absurdo, buscando el asombro y el
ingenio, el retruécano de un final sin un principio, rizar el verbo, sacarle el
jugo a los sustantivos y nombres propios, adornarlo todo con gestos, y voces
cantadas y si fuera necesario, acentos y guiños con los ojos abiertos.
Cuanto más inconexo, mejor. Para
mayor asombro del respetable de haber podido introducir frase y enunciado que
de entrada no vendría a cuento, pero que al final se ha dicho.
Y van buscando nuevos estilos,
nuevas formas de sorprender y de hacer reír, sobre todo, cada función un
argumento distinto, mil historias entremezcladas bajo un hilo que si se rompe
tampoco importa, porque enseguida le hacen un nudo y tan divertidos.
En la función del sábado lidiaban
en el escenario Lolo Diego, Juanma Díez,
Borja Cortés y Paloma (el apellido lo sabe Cristina), ¡ah, sí!, Paloma Córdoba, y consiguen con su
desenvoltura y destreza dialéctica e improvisadora sin sentido aparente, darle
la vuelta al espectáculo y acabar como al principio, o sea, que volvamos, que será cada vez un show distinto.