A la fresca
En todos lares y culturas se practica, a su manera, eso del estar a la fresca. Un gesto tan íntimo y popular, tan inefable e instintivo como es eso de salir al fresco en los atardeceres de verano (o de cualquier época, en realidad) a decir casi nada, a comentar casi todo. A toda persona le resuena esta circunstancia cósmica. Toda alma se sonríe al pensar en ello. Es un espacio de evocación por antonomasia, un tesoro antiguo sin historia que Pablo Rosal, autor y director de la obra, se propone revisitar conscientemente con nuestra frágil condición actual. Aún esperanzada. Siempre.
Así pues, mediante una partitura polifónica, cómica e íntima, tierna y abismada, de escucha honda y palabra creada, escudriña los mecanismos para generar una gustosa circunstancia cargada del más sutil alegato: la lentitud, la dulce letanía de la conversación sin fin en el acabarse del día.
“A la fresca” se propone enaltecer las paradas en el camino, las suspensiones de cualquier propósito, la amplitud del error. Nada resulta más obvio en el siglo XXI que el hecho de que estamos ocupados, que necesitamos estarlo y que es la única y última justificación y sentido que le hemos dado a la existencia contemporánea. “A la fresca” es un (d)espacio para dignificar el reposo, para ensalzar algo tan elemental como el parar, el desconectar de las lógicas del mundo y los sujetos triunfantes y generar un oasis donde la imaginación se expanda.