Nuestro país, tal y como lo conocemos, ha sufrido La Separación. Los escasos puntos de acuerdo nos han llevado a partir España por la mitad y salvarnos así del choque.
Añoranza y siesta es el retablo de esta nueva realidad. Una pedanía que se encuentra en mitad de las dos Españas, un bar clandestino en el que ya se empiezan a dar encuentros entre habitantes opuestos, un día al año de tregua oficial que nos permita discutir como tanto echamos de menos… pero también nos remontamos a tiempos de Napoleón, cuando las tensiones entre hijos de un mismo país comenzaron a desencadenarse.
Desde hace un tiempo, los días de lluvia en nuestra tierra se han convertido en milagros extra cotidianos. Las frases como “joder, cómo aprieta” o “van a ser cuatro gotas” abogan por la unión. Nada nos une tanto como algo que cae del cielo sin nuestro permiso y nos recuerda que no todo lo podemos controlar, que a veces no somos más que hormiguitas recogiendo ropa tendida antes de que nos alcance la tormenta.