Viajamos desde la corte virreinal de NÔpoles a las orillas del Tajo, no muy lejos de Toledo. En un paraje bucólico varias ninfas tejen las historias de dos pastores, Salicio y Nemoroso, que les cantan y les cuentan sus desastrados amores a las ovejas, a los pÔjaros, a los Ôrboles y a los manantiales.
A partir de una investigación pluridisciplinar históricamente informada, hemos convertido las Ć©glogas de Garcilaso de la Vega en material escĆ©nico con mĆŗsica renacentista y un retablo de tĆteres, pero mĆ”s allĆ” del ejercicio de estilo, nos interesa contrastar la mirada idĆlica del poeta toledano sobre el paisaje que le vio nacer con el preocupante estado actual del entorno del rĆo Tajo, con sus aguas no tan corrientes, ni puras, ni cristalinas.
Compuestas entre 1532 y 1536 durante su estancia en la que entonces era una de las ciudades mĆ”s pobladas de Europa, estas Ćglogas son una evocación idealizada del campo castellano desde la corte de una gran urbe.
La recitación o representación de estos textos formó parte del ceremonial en torno al virrey de NÔpoles, Pedro de Toledo para recrear el entorno sonoro y musical de nuestro espectÔculo recurrimos, por un lado, a las pocas piezas originalmente compuestas sobre pasajes de las tres églogas de Garcilaso.
Para los pasajes que no sobreviven en versiones musicales de la Ć©poca, recurrimos a modelos musicales para ārecitar cantandoā.