Teo Cardalda (Cómplices, Golpes Bajos) ha puesto música a nueve poemas de su paisano Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) con el acierto y la elegancia que adornan su ya dilatada carrera como intérprete y compositor. La elección, tras mucha lectura y mucho darle vueltas, ha sido obra de su compañera María Monsonís.
Lejos de desmerecer a las composiciones poéticas originales, Cardalda les ha quitado el polvo y embellecido con adornos rítmicos del siglo: bombos, guitarras, platillos y teclados. Los poemas que ha musicado llevan impresos más de un siglo, pero el poso de cien años no le ha impedido domarlos para que se ajustaran al pentagrama.
Cardalda hace honor a la divisa de los artistas valientes y arrojados, que no es otra que reinterpretar, trasladar a otros lenguajes artísticos, encuadrar en diferentes códigos, «deconstruir», una obra de arte para montar con las piezas un nuevo artefacto. Ha convertido la poesía en canción. Emoción, intuición, palabras con significado oculto, símbolos… de todo un poco hay en los versos de Valle-Inclán.