«Rosa», sitúa la acción en el año 1943 en Madrid, a cientos de kilómetros de Granada, y casi dos décadas después del final de la obra original, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores.
Han pasado dieciocho años desde que Rosa abandonara la casa de los cármenes, Rosa se gana la vida como modista, un día recibe el encargo de diseñar un vestido de novia. En una España gris de posguerra, aquella mujer que esperó en vano un amor que nunca regresó, echa la vista atrás y habla de todo lo vivido y lo no ocurrido ante un interlocutor mudo, el maniquí sobre el cual confecciona el vestido.
A través de un monólogo íntimo y desgarrador, Rosa disecciona su propia biografía para intentar comprender, no solamente la crueldad de un entorno que le arrebató el futuro y que la castigó por su soltería, sino su propia decisión de esperar el regreso de su prometido en una España cursi, a la que ella fue incapaz de enfrentarse. En un ajuste de cuentas con el pasado, Rosa lucha por recuperar la dignidad y dejar atrás de una vez por todas el delirio de una espera sin fruto y el recuerdo de aquellos años que aún le clava los dientes en el orgullo herido.
A través de una introspección profunda, la protagonista, ahora despojada del diminutivo y reivindicando ser llamada simplemente «Rosa», reflexiona sobre el paso del tiempo y el peso de las convenciones sociales. La obra aborda la violencia estructural ejercida contra las mujeres solteras de la época, explorando las cicatrices de una sociedad que castigó con especial dureza la soltería femenina, analizando los mecanismos de humillación pública, y cómo el juicio y la presión social transformaron la esperanza de una mujer estigmatizándola como "la solterona", convirtiendo su estado civil en un pecado, caricaturizándola y castigándola con la exclusión y la vergüenza.