Electra Jonda
Electra es uno de los caracteres mejor perfilados y uno de los personajes mÔs estudiados de la literatura universal. Su vida carece de sentido desde que su padre, Agamenón, cayera asesinado por su madre, Clitemnestra y su amante Egisto, y su única esperanza estriba en el regreso de Orestes y en que pueda convencerlo para que mate a los autores del regicidio.
Pero el rasgo que mejor define el verdadero carĆ”cter de nuestra protagonista es su sed de venganza. La misma Electra lo manifiesta en la versión de Sófocles: āVio mi padre su muerte vergonzante por las mismas dos manos que se han adueƱado a traición de mi vida, las mismas que me han arruinado. Ā”OjalĆ” que a esos el gran dios OlĆmpico en pago penas padecer procure, y que no consigan disfrutar del triunfo tras haber cometido tal crimen!ā
A caballo entre las diferentes āElectrasā, presentadas por los tres grandes trĆ”gicos griegos, el planteamiento que lleva a cabo Guerrero Zamora, en su tratamiento del mito, es rabiosamente actual, o intemporal si se quiere. Su acierto es trasladar la acción y el conflicto a un cortijo andaluz, hacer a los personajes de carne y hueso, cercanos a nosotros, con pasiones perfectamente reconocibles hoy dĆa y, todo ello, sin hacer que se pierdan ninguno de los elementos esenciales que deben caracterizar a una tragedia.
Su tratamiento del coro, formado por bailaoras y bailaores; su concepción de la figura de Casandra, presente con sus cantes en situaciones clave, asĆ como la importancia trĆ”gica dada al ciego que la acompaƱa, y el peso zumbón del pueblo, encarnado por la figura del Aya, son aciertos que complementan de manera eficacĆsima la acción de las figuras principales.
Todo ello, permite la creación de un espectĆ”culo completo, en el que la acción dramĆ”tica se ve complementada, de forma significativa, por el cante y el baile. Es decir, la posibilidad de un espectĆ”culo total en el que luz, mĆŗsica, movimiento, color y texto se engarcen y complementen permitiendo un espectĆ”culo de raĆces profundas.
Por ello, en esta edad, en la que uno ya carga con el bagaje y el recuerdo de montajes como La Orestiada, Medea, Las Troyanas, Orestes, el Ciclo Tebano, etc., me ha parecido un texto digno de ser llevado a escena para culminar una carrera, en la que lo grecolatino, incluyendo mi etapa al frente del Festival de MƩrida, ha tenido una importancia decisiva.
Pero hay que reconocer que se trata de un espectĆ”culo complejo, lleno de dificultades que obliga a contar con un gran equipo, ademĆ”s de los actores, tanto en el cante flamenco como en la guitarra, el diseƱo, la dirección y la realización artĆstica. Con la suerte de poder contar ademĆ”s con el coreógrafo Manuel Segovia y la compaƱĆa IbĆ©rica de Danza con todo su elenco. La facilidad encontrada para conseguir estas colaboraciones (con sólo dejarles leer el texto) nos indica que tenemos entre las manos un excelente producto que espero colme las expectativas creadas en mĆ.