La Celestina
Deseo, ambición, conjuros y muerte en la España Renacentista
¡Qué mejor obra para disfrutar del doble sentido! «La Celestina» es equívocos, entendidos y sobreentendidos perfectos para un público adolescente.
Una ciudad, Salamanca, que parece la antigua Babilonia del pecado. Una muchacha, Melibea, que es mucho más de lo que muestra: una potra salvaje. Un galán, Calisto, que es menos galán y más perlita, más rompenecios. Los criados, las pupilas, los rufianes y por encima de todos: Celestina.
Una obra divertida, descarnada, incensurable, llena de conexiones dirigidas a los espectadores de hoy que, para sorpresa de nadie, cuando la conocen mínimamente bien, la adoran.
Toda «La Celestina», con su efervescencia sensual, lingüística y narrativa, comprimida en una hora de narración, donde a través de la complicidad, el humor y el juego se muestran los matices que todos los humanos tenemos escondidos.
Luces de Bohemia
Un poeta ciego sale a la calle a buscar dinero.
A través de sus ojos veremos un país entero reflejado en un espejo deformante.
Esta Luces de Bohemia es una experiencia escénica inmersiva y cercana: un solo actor, Héctor Urién, recorre la obra completa narrando e interpretando hasta 30 personajes y explicando al público de hoy un texto escrito hace más de cien años, sin perder rigor ni ritmo.
El esperpento cobra vida a través del cuerpo, la voz y el lenguaje, recuperando el humor feroz y tierno de Valle-Inclán, a menudo ausente en montajes más solemnes. El público ríe, se reconoce y se ve interpelado en un viaje ágil, continuo y profundamente humano.
Un espectáculo que no exige conocimientos previos, solo ganas de dejarse llevar.
Una puerta de entrada privilegiada a una de las grandes obras del teatro español.
Luces de Bohemia
Bodas de sangre se presenta aquí como una experiencia escénica cercana y profundamente poética. Un solo actor, Héctor Urién, narra la historia, interpreta a los personajes y acompaña al público en la comprensión de una tragedia donde el deseo y la razón chocan sin remedio.
Los dos primeros actos avanzan con ligereza, humor e ironía; el tercero se transforma en un estallido poético de versos, símbolos y canciones que atrapan al espectador. La palabra de Lorca, dicha en voz alta, se convierte en un imán emocional.
Una tragedia adulta, terrenal, sin idealismos.
Un viaje intenso hacia el corazón de uno de los textos más apasionados del teatro español.