Jasón o la conquista del Vellocino
La zarzuela, como género amplio, y por tanto de fronteras imprecisas, tiene en “Jasón o la conquista del vellocino” un estupendo ejemplo de la gran variedad de tipologías existentes en el último tercio del siglo XVIII. En concreto, nos encontramos con una pieza de estilo deleitoso, que no es ni comedia ni tragedia, que puede ser tratada desde planteamientos dispares. Y que, en esta versión, interpretada con instrumentos de época, busca el equilibrio entre ambos géneros teatrales basándose en la proporción de música con respecto a la palabra hablada, es decir, la acción. “Jasón”, estrenado en 1768 en el Teatro del Príncipe, deja entrever en su argumento heroico, basado en el mitológico personaje epónimo y su viaje a Cólquida para apoderarse del vellocino de oro, una sociedad en metamorfosis para la que el teatro escénico musical resultaba un revulsivo. Entronca con la tradición de la zarzuela post calderoniana, a la vez que abre ventanas al nuevo horizonte musical que ya está en boga en otras partes de Europa.
Bajo la dirección musical y escénica de Gustavo Sánchez y Federico Figueroa, respectivamente, la propuesta de la Camerata Antonio Soler refleja la estética racionalista de la época en que fue concebida la obra, en una pátina de la delicadeza y sencillez que cristaliza en un ejercicio de verosimilitud teatral, donde palabra y melodía son correlatos de acciones, ante los ojos de un espectador del primer cuarto del siglo XXI. Una zarzuela del atardecer del siglo XVIII, para espectadores del despertar del siglo XXI.