“Durante la Cuaresma era costumbre presentar un oratorio para la Catedral de Cádiz. Así, hace quince años, un canónigo de la ciudad me encargó una composición sobre las Siete Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz. La música sonaría al mediodía, tras cerrar las puertas. Después de un preludio, el Obispo subía al púlpito y recitaba la primera palabra. Tras realizar una alocución sobre ella bajaba y se postraba ante el altar mientras continuaba la música. A continuación, pronunciaba, una a una, el resto de palabras y sus meditaciones. No fue fácil componer siete adagios de diez minutos de duración sin causar fatiga entre los oyentes.”
Con estas palabras explicaba Franz Joseph Haydn (1732-1809) cómo creó su “Musica instrumentale sopra le Sete ultime parole del nostro Redentore in croce”, también llamada “Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz”, a petición del sacerdote Don José Sáenz de Santa María, en 1786, para el Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz. Esta música resultó ser más compleja que sus sinfonías o sonatas por la alternancia de notas tenidas y cortadas, dinámicas, cambios de tempo, motivos imitativos e intención programática. Haydn dibuja en la música una línea ascendente, desde su “Introducción” hasta la cuarta sonata, donde alcanza la cima del Calvario; para descender después hasta la octava y última, “Il Terremoto”, donde se escucha una música tenebrosa, militar y arrebatadora que supera incluso a la de sus últimas misas.
La Camerata Antonio Soler ofrece la versión original de esta obra, para orquesta sola y narrador, en su habitual interpretación con criterios historicistas y uso de instrumentos de época. Los textos narrados proceden de la versión para coro y solistas.