En una España árida, azotada por un sol sofocante, las pocas lluvias son torrenciales y desbordan los cauces de los ríos, provocando inundaciones. La ignorancia, el fanatismo y la miseria son explotadas por seres que luchan por un bocado mientras tratan de mantener intacta su falsa honra. En este panorama, nacer en un río y ser hijo de un ladrón y de la concubina de un negro no es un buen comienzo. Lazarillo, el niño, vaga entre pueblos ruinosos, llenos de esqueletos de edificaciones que alguna vez fueron sueños de progreso. Pasa de mano en mano, sirviendo a amos y señores, aprendiendo de ellos duras lecciones de cómo sobrevivir. ¿Pero en qué año estamos?, ¿es el 1550 o el 2050?, ¿todo esto es antes o después del desastre climático? Mirar a Lazarillo es mirar al pasado y al futuro al mismo tiempo, es acariciar el pasado con el alivio de haberlo superado y palidecer ante la advertencia del futuro que nos desvela.
“Lazarillo de Tormes” es la última ópera del Premio Nacional de Música David del Puerto, sobre la novela homónima. Con libreto de Martin Llade, dirección de escena de Ricardo Campelo, dirección musical de Bauti Carmona e interpretada por un ensemble de seis músicos y un reparto de cuatro cantantes, encabezados por la soprano Ruth González, la obra presenta una cruda mirada a una España azotada por la miseria, el fanatismo y la explotación, a través de la vida de Lázaro. Además, la puesta en escena de “Lazarillo” utiliza tecnología audiovisual para amplificar la experiencia teatral: interferencias, asincronía, efecto nieve, pixelado y delay.