Intérpretes: Lorena Álvarez (voz, guitarra, percusión), Carlos Aquilué (laud, voz), Víctor Herrero (guitarra portuguesa, voz)
A Lorena Álvarez podríamos considerarla “un verso libre dentro del panorama musical español”, “cantautora punk”, “un alma inquieta que destila espontaneidad”, o “referente de la canción de autora contemporánea”. Compositora, productora e intérprete, también pintora, tras la publicación de La Cinta (2011), su primer LP Anónimo (2012), el EP Dinamita (2014), el LP Colección de Canciones Sencillas (2019) y la composición de la banda sonora del videojuego Alba, A Wildlife Adventure (2020), Álvarez irrumpió en la escena musical como un soplo de aire fresco, explorando las posibilidades de la música folklórica, consiguiendo traspasar los límites habituales de la música tradicional, situándola en un contexto en el que la contemporaneidad y la tradición pueden ir de la mano sin complejos. Sobre esta base ha construido el andamiaje de una obra que se mueve entre la poesía y la conexión con la tierra, repleta de canciones que encogen el corazón, pero agrandan el alma, siempre desde su estilo único y propio. Inquieta siempre y en su incansable búsqueda por encontrar un espacio donde acomodar la música tradicional y popular en el panorama actual, nos llega el último trabajo de Lorena Álvarez, un EP grabado en el Valle De Hecho, en los pirineos oscenses durante el mes de agosto de 2020, dentro de las residencias artísticas LoMón Contemporáneo. Cuatro canciones para las que Lorena conformó una orquestina con músicos amateur de la zona, tañedores de laúdes, bandurrias y guitarras, que durante un mes acompañaron a la cantautora y compartieron con ella las experiencias que dieron forma a esta grabación, producida por Lorena Álvarez en colaboración con Alonso Díaz.
En estas canciones, explica la propia Lorena, hay una intención de poner en valor la música tradicional, pero no cómo género musical, ni estilo, ni como ornamento o etiqueta, sino como manera de acercarse al mundo y relacionarse con él. Para mí, la música tradicional es la esencia y no el adorno, es la raíz y no la rama y es la casa del misterio más primigenio, con muchas puertas disponibles para que las abramos y exploremos en qué consiste ese misterio. Podemos encontrar aquí a unas personas encarnando ese espíritu musical, personas que a través de la música pueden comunicarse entre ellas, compartir sus mundos interiores y aprender qué similares son en esencia. Se fraguó una amistad propiciada por el arte, la música y la poesía, e iluminados por los resplandores de esos fuegos, se trabajó con ahínco hasta que, salvando juntos las limitaciones de cada uno, florecieron las canciones que aquí presentamos. Música al servicio de unas relaciones humanas, personas al servicio de los espíritus de las canciones, música a ras de suelo. Ese es para mí el significado de la cultura y del arte.