Poveda protagonizó una magnífica interpretación de los poemas lorquianos. Lo acompañó un guitarrista que desgranó acordes imposibles: su guitarra lloró, gritó, cantó, susurró. Un percusionista y cuatro palmeros completaron el elenco. Al final del espectáculo, Poveda bajó del escenario y paseó, entre aplausos, por el patio de butacas.