Los atardeceres, el desarraigo de las raĆces, la vuelta a ellas.
Ranchos. El rancho grande y la banda sonora de tu vida.
ĀæNunca ha sentido usted la necesidad de jugar al bridge?
ĀæTeme usted que es juego difĆcil y demasiado intelectual?.
Antonia, Mari y Rigoberta se debaten dĆa a dĆa entre ellas, se critican y se desenvuelven en un medio costumbrista, que no menos surrealista. Comparten una mesa, un atardecer, una bolsa para la fruta muy bonita que dentro no sabemos quĆ© lleva, los anuncios de la tele, los videos de autoayuda de personas de mĆ”s de treinta aƱos, la mĆŗsica italiana y rezar en italiano. El asco y las perlas.
Las mueve la nostalgia. ¿Qué es la nostalgia?.
Una de ellas quiere ser un Ć”guila, otra no querĆa ser madre y la otra, bueno la otra, bastante tiene. No son conscientes de que estĆ”n buscando su libertad, quizĆ” alguna de ellas la encuentre dentro de este escenario y asĆ los espectadores puedan con ella, volar.
Pero eso todavĆa no lo sabemos.
Porque igual no pasa.
Mari, Rigoberta y Antonia, son tres amigas, de toda la vida, de toda la vida del pueblo, tampoco tenĆan mucho donde elegir porque es un pueblo pequeƱo y ellas tienen edades parecidas, lo que se viene a decir, de la misma quinta. Se critican pero en el fondo se quieren comparten un espacio-tiempo que hace que en el fondo se comprendan, se rĆen juntas y hacen las cosas del dĆa a dĆa porque es lo que hay que hacer pa no pensar que tienen en casa. Ellas fueron jóvenes y serĆ”n viejas. No les quedo mas remedio que casarse. La nostalgia las atrapa.
Mari, fuma por culpa de los hombres heterosexuales, le gusta rezar, asi medita dice, ella quiere apuntarse a clases de italiano. Rigoberta tiene un gato, pero el gato estĆ” muerto, y siente que estĆ” rara por culpa de los videos de autoayuda. Antonia es vasca y tiene un niƱo que se llama Eskerrik asko, ella no querĆa ser madre, solo querĆa bailar flamenco.