Quedan pocos bajistas en activo tan legendarios como Stanley Clarke en el mundo del jazz. Marcó época junto a Chick Corea en Return To Forever, la formación que junto a Weather Report o la Mahavishnu Orchestra ensanchó los límites del género fusionándolo con el funk, el rock o la electrónica. Antes de eso se había curtido ya en bandas de rock y rhythmn and blues durante su adolescencia, y había tocado con el maestro del saxo Pharoah Sanders, así como con Gil Evans, Horace Silver, Stan Getz, Dexter Gordon y Art Blakey.
Una treintena larga de álbumes orlan la trayectoria de este veteranísimo músico nacido en Filadelfia en 1951, quien también ha colaborado en las últimas décadas en emblemáticos discos de Paul McCartney, Stewart Copeland o Al Di Meola. Si buscan en los créditos de cualquier disco de jazz de vanguardia de los últimos cincuenta años, es muy probable que se topen con él. Si rebuscan en los de las bandas sonoras de algunas de las películas de acción más celebradas de las últimas décadas (Romeo debe morir, Undercover Brother o What’s Love Got To Do Eith It, el biopic de la añorada Tina Turner), quizá también les sorprenda saber que él fue el responsable.