THEO LAWRENCE ā Kilómetros de country
En los Ćŗltimos diez aƱos, Theo Lawrence se ha hecho un nombre como la voz cantante favorita de Francia. Un joven prodigio del honky-tonk, que finalmente ha tomado forma en sus Ćŗltimos discos facturados en Austin, Texas, āCherieā y āA Country Mileā, trayendo de vuelta toda la gama sonora de los salones de baile de Texas, servida con un tono directamente sacado de los aƱos dorados de Charlie Rich y Ray Price. Theo no solo ha revivido el interĆ©s por la mĆŗsica country en Europa, sino que la estĆ” trayendo de vuelta a su cuna sureƱa, para regocijo de oyentes y bailarines.
DespuĆ©s de haber registrado algunos de los mejores discos de country de los Ćŗltimos aƱos en estudios de renombre por la calidad de sus producciones (Soil of the South en Georgia y Fort Horton en Texas), Theo Lawrence estĆ” actualmente reviviendo la escena honky-tonk en la capital musical del mundo; Austin, Texas. Si pasas por allĆ es probable que le encuentres rocando en alguno de los clubes que hicieron famosa a la ciudad, como el Continental, Samās Town Point o The Sagebrush. Sus brillantes actuaciones junto a algunos de los mĆ”s legendarios mĆŗsicos de la escena son aplaudidas por un pĆŗblico entusiasta que ha encontrado en sus atemporales canciones country a su particular pareja de baile.
Su Ćŗltima entrega discogrĆ”fica, el EP āA Country Mileā, suena chisporroteante y brillante como un viejo vinilo, llevando al oyente al estilo de la era de oro del Grand Ole Opry. Un disco que habrĆa puesto a un adolescente Elvis Presley a cantar y menear las caderas. Grabado en Austin como un proyecto paralelo durante las sesiones de su aclamado disco āCherieā, resalta la maestrĆa vocal de Lawrence acompaƱado por la simpleza del contrabajo, el violĆn y la steel guitar al mĆ”s puro estilo clĆ”sico. La elección de la versión que contiene subraya ese carĆ”cter por resucitar aquel inimitable sonido, āMy Heart Tells Meā, una canción inĆ©dita del artista de culto de Sun Records, Ernie Chaffin. Junto a ella, tres clĆ”sicos instantĆ”neos de Lawrence, grabados con artesanĆa, sin querer ser una imitación revivalista, sino sonar eterno, fresco y conmovedor como el sol de un domingo de primavera.