Pero, āĀæa quiĆ©n se le ocurre hacer un teatro en barrio excĆ©ntrico, de acceso difĆcil, sin tranvĆas próximos y entre callejuelas angostas y poco simpĆ”ticas? Va al fracaso seguro, por meterse donde no le llamanā.
AsĆ lo vaticinó en su crónica un redactor del diario ABC el dĆa del estreno, y se quedó tan ancho. Ignoro la valĆa del periodista, pero desde luego dotes para la adivinación no tenĆa⦠Y es que la Bombonera de Don CĆ”ndido Lara sigue levantando el telón cada dĆa desde que lo hiciera por primera vez un 3 de septiembre de 1880.
Y son ya ciento cuarenta y dos aƱos de aplausos corriendo calle abajo por la corredera de San Pablo; ciento treinta y nueve aƱos latiendo en los actores, directores, sastres, regidores y aquel seƱor bajito que siempre andaba apuntando; ciento treinta y nueve aƱos de encuentros trasnochados, de comedias hilarantes, de mil dramas sufridos por actores bien amados; butacas, candilejas, tramoyas, decoradosā¦
Ciento cuarenta aƱos en los que se funden lo vivido y lo soƱado, lo aplaudido y lo pitado, lo real con lo falsario. En definitiva, ciento treinta y nueve aƱos de uno de esos lugares mĆticos por mĆ”gicos, en los que el tiempo se mide sin futuro y sin pasado, detenido en el presente que se estĆ” representando.